![]() |
|
|
|||||||||
![]() |
|||||||||||
|
|
|
|
|
||||||||
Santo Padre resalta vocación de la familia a ser “lugar primordial y principal de acogida de la vida” Roma, 31 (NE – eclesiales.org) El día de ayer, el Papa Benedicto XVI visitó el Dispensario Santa Marta, que se halla dentro de la Ciudad del Vaticano. Allí saludó a los médicos y los voluntarios que, coordinados por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, atienden a numerosas familias en Roma. Luego de alentar a los presentes a acoger al Niño Dios en el corazón y tenerlo como modelo de entrega y servicio humilde a la humanidad, subrayó la "la vocación fundamental de la familia como lugar primordial y principal de acogida de la vida”. Observó que “la concepción moderna de la familia, también como reacción al pasado, reserva un gran importancia al amor conyugal, subrayando los aspectos subjetivos de libertad en las decisiones y en los sentimientos. Sin embargo, cuesta percibir y comprender el valor de la llamada a colaborar con Dios en la procreación de la vida humana". “Además -añadió-, las sociedades contemporáneas, a pesar de contar con tantos medios, no siempre consiguen facilitar la misión de los padres, tanto desde el punto de vista de las motivaciones espirituales y morales como de las condiciones prácticas de vida. Hay una gran necesidad, tanto en el ámbito cultural como en el político y legislativo, de sostener a la familia, e iniciativas como la de vuestro dispensario son muy útiles. Se trata de realidades pequeñas pero importantes, y gracias a Dios, en la Iglesia hay muchas y no deja de ponerlas al servicio de todos". Papa Benedicto XVI recuerda importancia de la música sacra en la liturgia Roma, 31 (NE – eclesiales.org) El Santo Padre recibió el día de ayer a los participantes en el XXXIII Congreso Internacional de la Federación Internacional de Pueri Cantores, que tuvo lugar en estos días en la ciudad eterna. El Papa felicitó a los miembros de dicha federación por su “servicio de la liturgia” y por llevar “al mundo entero un mensaje de paz y de fraternidad" desde 1965, cuando fue creada. Asimismo, aprovechó para recordar que la música sacra es una "función ministerial" en el servicio divino, ya que cuando "la Iglesia reza, canta o actúa, se alimenta la fe de los participantes y las almas se elevan hacia Dios para rendirle un homenaje espiritual y recibir su gracia con más abundancia". También hizo hincapié en el aprecio que el Concilio Vaticano II manifiesta por quienes “con su canto, contribuyen a la belleza de la liturgia. Porque ‘Cristo está presente cuando la Iglesia reza y canta', uniéndonos así con la Iglesia del cielo". Perú: Centro de Estudios Católicos organiza presentación sobre dignidad de la vida humana
Intervinieron en la presentación el Dr. Renzo Paccini, Médico, Doctor en Bioética por la Universidad Sacro Cuore de Roma y Consultor de la Comisión de Familia de la Conferencia Episcopal Peruana, y Alejandro Bermúdez Rosell, Director de Aciprensa El autor de las obras, el Dr. Luis Ráez, es médico y Profesor Asistente de Medicina, Epidemiología y Salud Pública, y Co-Director del Grupo de Oncología Toráxica de la Universidad de Miami. En estas obras reflexiona, desde un punto de vista médico, sobre las principales amenazas a la vida humana que signan la "cultura de muerte" en nuestro tiempo y la necesidad de responder a ellas desde la razón iluminada por la fe. El Centro de Estudios Católicos (CEC) es una asociación de laicos católicos que busca promover diversas iniciativas en el área de la evangelización de la cultura promoviendo el diálogo entre la fe y la razón. Durante la actividad, que contó con una gran participación de público, se anunció asimismo la inauguración de un nuevo local del CEC en la ciudad de Lima, en el distrito de Barranco. El ser humano, “obra maestra” de Dios, recuerda Papa Benedicto XVI Roma, 29 (NE – eclesiales.org) Al comentar ayer durante la catequesis semanal el salmo 138, el Papa Benedicto XVI afirmó que el ser humano es la “obra maestra” de la creación. Ante más de 20 mil personas presentes en la Plaza San Pedro, el Papa afirmó que este salmo es un “himno sapiencial de pasión y belleza intensas” que “se refiere a la realidad más elevada y maravillosa del universo entero: el ser humano, definido como prodigio de Dios”. Es un “tema profundamente en sintonía con el clima navideño” en el que “celebramos el misterio del Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvarnos". "Tras considerar la mirada y la presencia del Creador que cubren todo el horizonte cósmico -explicó el Santo Padre-, en la segunda parte del salmo los ojos amorosos de Dios se dirigen al ser humano, considerado en su inicio pleno y completo. Todavía es "informe" en el seno materno, (...) pero sobre él se posa ya la mirada benévola y amorosa de Dios". El Papa Benedicto XVI recordó que en el salmo es recurrente el símbolo del alfarero y del escultor que "forma y plasma su creación artística, su obra maestra", y agregó que en el texto era muy potente "la idea de que Dios conozca ya todo el futuro de ese embrión informe: en el libro de la vida del Señor ya están escritos los días que esa criatura vivirá y colmará de obras durante su existencia terrenal. Emerge así de nuevo la grandeza trascendental del conocimiento divino, que no abraza sólo el pasado y el presente de la humanidad, sino también el arco aún escondido del futuro". El Papa concluyó citando la reflexión de San Gregorio Magno sobre este salmo que representa "una meditación sobre los que en la comunidad cristiana son más débiles en su camino espiritual", que "por pequeños e informes que sean no se apartan del amor a Dios y al prójimo según sus posibilidades, contribuyendo a su modo a la edificación de la Iglesia. (...) Es un mensaje de esperanza para todos, incluso para los que proceden con dificultad en el camino de la vida espiritual y eclesial". Papa recuerda a víctimas del tsunami en Asia Roma, 29 (NE – eclesiales.org) Al concluir la audiencia general de ayer miércoles, el Papa Benedicto XVI recordó a las víctimas del trágico tsunami que hace un año asolara el sudeste asiático, y ofreció sus oraciones tanto por ellos como por las personas que también en otros lugares del mundo han sido afectados por catástrofes naturales. Finalizada la catequesis, el Papa saludó en diversas lenguas a los peregrinos y recordó especialmente "a las queridas poblaciones afectadas hace un año por el tsunami, que causó innumerables víctimas humanas e ingentes daños al ambiente”. “Recemos al Señor por ellos y por todos los que, en otras regiones del mundo, han padecido catástrofes naturales y esperan nuestra solidaridad concreta", afirmó el Pontífice. Casi tres millones de personas en encuentros públicos con el Papa Benedicto XVI en Roma Roma, 29 (NE – eclesiales.org) En lo que va de su Pontificado, casi tres millones de personas han participado en los diversos encuentros presididos por el Santo Padre en Roma. Un total de 2.855.500 de personas han asistido desde enero hasta lo que va de diciembre a las audiencias generales, las audiencias especiales, las celebraciones litúrgicas y el rezo del Angelus. Así lo dio a conocer ayer los datos publicados por la Prefectura de la Casa Pontificia sobre la participación en los encuentros públicos presididos por el Santo Padre en los primeros meses de su Pontificado. En total, más de 800 mil personas han estado presentes en las catequesis semanales, siendo octubre el mes que contó con mayor asistencia (190 mil). Casi 400 mil personas, por otro lado, han participado en las celebraciones litúrgicas presididas por el Papa en el Vaticano, mientras que 1.400.000 personas han estado presentes en el rezo del Angelus que el Papa preside cada domingo y en algunas circunstancias especiales. Sodalicio de Vida Cristiana cuenta con 3 nuevos diáconos
De los tres nuevos diáconos, el primero es de nacionalidad brasilera, y los otros dos son de nacionalidad peruana. Estuvieron acompañados durante la celebración de numerosos integrantes de la Familia Sodálite, así como de sus familiares y amigos, quienes colmaron la iglesia y expresaron su alegría por los futuros sacerdotes. Durante su homilía, Monseñor Eguren invitó a los nuevos diáconos a ser como el discípulo amado del Señor, imitando su pureza sin tacha, su capacidad para reconocer al Señor y la cercanía a su corazón. Asimismo, recordó a los diáconos que han sido “constituidos heraldos del Evangelio” y los invitó a dar “testimonio de Cristo como quien se ha encontrado con Él”.
En ese marco pidió a los nuevos diáconos ser audaces apóstoles de los jóvenes, de modo “que la juventud no tenga miedo de entregarse al Señor Jesús y que lo descubra en su Iglesia”. “No se dejen limitar por quienes que con sus chantajes y amenazas intentan que no se haga apostolado a los jóvenes”, añadió. Seguidamente los alentó a tener por centro de su vida y su ministerio diaconal la Eucaristía, pasando mucho tiempo de oración íntima ante Jesús presente en el sagrario. Finalmente, pidió a los ordenandos dar con sus vidas un transparente testimonio de caridad “en especial con los más necesitados”. En fiesta de San Esteban, Santo Padre invita a vivir con coherencia el Evangelio Roma, 27 (NE – eclesiales.org) Vivir con coherencia el Evangelio siempre “comporta pagar un alto precio”. Así lo afirmó ayer el Papa Benedicto XVI, en sus palabras con ocasión del Angelus en el que recordó la celebración de la fiesta de San Esteban, el primer mártir cristiano. “Con él se inicia aquella larga serie de mártires” que han proclamado “con su heroico testimonio que Dios se ha hecho hombre para abrir al hombre el Reino de los Cielos”, afirmó el Pontífice. “En el ambiente de alegría de la Navidad, no parece fuera de lugar la referencia al martirio de San Esteban”, señaló el Papa a continuación. “En efecto, sobre el pesebre de Belén ya se alarga la sombra de la Cruz. La preanuncia la pobreza del establo en el que el Niño llora, la profecía de Simeón sobre el signo de contradicción y sobre la espada destinada a atravesar el alma de la Virgen, la persecución de Herodes que hará necesaria la fuga a Egipto”. “No debe sorprendernos el hecho de que un día este Niño, ya adulto, les pida a sus discípulos seguirlo sobre el camino de la Cruz con total confianza y fidelidad. Atraídos por su ejemplo y sostenidos por su amor, muchos cristianos, ya desde los orígenes de la Iglesia, testimoniarán su fe con la efusión de la sangre. A los primeros mártires les seguirán otros en el curso de los siglos hasta nuestros días. ¿Cómo no reconocer también en nuestro tiempo, en varias partes del mundo, que profesar la fe cristiana requiere el heroísmo de los mártires? ¿Como no decir entonces que en todos lados, incluso ahí donde no hay persecuciones, vivir con coherencia el Evangelio conlleva pagar un alto precio?” Al concluir, el Papa invitó a los peregrinos a contemplar al “divino Niño entre los brazos de María”, y “mirando el ejemplo de San Esteban, pidamos a Dios la gracia de vivir con coherencia nuestra fe, siempre prontos a responder a cualquiera que nos pregunte por las razones de la esperanza que hay en nosotros”. Mensaje del Papa Benedicto XVI con ocasión de la Navidad «Os anuncio una gran alegría...: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (cf. Lucas 2,10-11). Esta noche hemos escuchado de nuevo las palabras del ángel a los pastores y hemos revivido el clima de aquella Noche santa, la Noche de Belén, cuando el Hijo de Dios se ha hecho hombre y, naciendo en una humilde gruta, ha puesto su morada entre nosotros. En este día solemne resuena el anuncio del ángel, que es también una invitación para nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, a acoger al Salvador. Que los hombres de hoy no duden en recibirlo en sus propias casas, en las ciudades, en las naciones y en cada rincón de la tierra. Es cierto que en el milenio concluido hace poco, y especialmente en los últimos siglos, se han logrado tantos progresos en el campo técnico y científico; son ingentes los recursos materiales de los que hoy podemos disponer. No obstante, el hombre de la era tecnológica, si se encamina hacia una atrofia espiritual y a un vacío del corazón, corre el riesgo de ser víctima de los mismos éxitos de su inteligencia y de los resultados de sus capacidades operativas. Por eso es importante que abra la propia mente y el propio corazón a la Navidad de Cristo, acontecimiento de salvación capaz de imprimir renovada esperanza a la existencia de todo ser humano. «Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre» (S. Agustín, Serm., 185). ¡Despierta, hombre del tercer milenio! En Navidad, el Omnipotente se hace niño y pide ayuda y protección; su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres; su llamar a nuestras puertas nos interpela, interpela nuestra libertad y nos pide que revisemos nuestra relación con la vida y nuestro modo de concebirla. A menudo, se presenta la edad moderna como inicio del sueño de la razón, como si la humanidad hubiera salido finalmente a la luz, superando un periodo oscuro. Pero, sin Cristo, la luz de la razón no basta para iluminar al hombre y al mundo. Por eso la palabra evangélica del día de Navidad – «era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (Juan 1,9) – resuena más que nunca como anuncio de salvación para todos. « Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (constitución Gaudium et spes, 22). La Iglesia no se cansa de repetir este mensaje de esperanza reiterado por el Concilio Vaticano II, concluido precisamente hace cuarenta años. Hombre moderno, adulto y, sin embargo, a veces débil en el pensamiento y en la voluntad, ¡déjate llevar de la mano por el Niño de Belén, no temas, fíate de Él! La fuerza vivificante de su luz te alienta a comprometerte en la construcción de un nuevo orden mundial fundado sobre relaciones éticas y económicas justas. Su amor guía a los pueblos y esclarece su conciencia común de ser «familia» llamada a construir vínculos de confianza y de ayuda mutua. Una humanidad unida podrá afrontar los numerosos y preocupantes problemas del momento actual: desde la acechanza terrorista a las condiciones de pobreza humillante en la que viven millones de seres humanos, desde la proliferación de las armas a las pandemias y al deterioro ambiental que amenaza el futuro del planeta. Que Dios que se ha hecho hombre por amor al hombre aliente a todos los que trabajan por la paz y el desarrollo integral en África, oponiéndose a las luchas fratricidas, para que se consoliden los procesos políticos todavía frágiles y se salvaguarden los más elementales derechos de los que están sumidos en trágicas situaciones, como en Darfur y en otras regiones de África central. Que lleve a los pueblos latinoamericanos a vivir en paz y concordia. Que anime a los hombres de buena voluntad en Tierra Santa, en Irak, en Líbano, donde, aunque no falten signos esperanzadores, éstos han de ser confirmados por comportamientos inspirados en la lealtad y la sabiduría; que favorezca los procesos de diálogo en la península coreana y en otras partes de los países asiáticos, a fin de que se superen las divergencias peligrosas y, con espíritu amistoso, se alcancen los logros de paz que tanto esperan sus pobladores. En Navidad nuestro espíritu se abre a la esperanza contemplando la gloria divina escondida en la pobreza de un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es el Creador del universo reducido a la impotencia de un recién nacido. Aceptar esta paradoja, la paradoja de la Navidad, es descubrir la Verdad que nos hace libres y el amor que transforma la existencia. En la noche de Belén, el Redentor se hace uno de nosotros, para ser compañero nuestro en los caminos insidiosos de la historia. Tomemos la mano que Él nos tiende: es una mano que nada nos quiere quitar, sino sólo dar. Entremos con los pastores en la choza de Belén, bajo la mirada amorosa de María, testigo silencioso del prodigioso nacimiento. Que Ella nos ayude a vivir una buena Navidad; que nos enseñe a guardar en el corazón el misterio de Dios, que se ha hecho hombre por nosotros; que nos guíe para dar al mundo testimonio de su verdad, de su amor y de su paz. Homilía del Papa Benedicto XVI en la Misa de Nochebuena, celebrada en la Basílica de San Pedro "El Señor me ha dicho: Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy". Con estas palabras del Salmo segundo, la Iglesia inicia la Santa Misa de la vigilia de Navidad, en la cual celebramos el nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo en el establo de Belén. En otro tiempo, este Salmo pertenecía al ritual de la coronación del rey de Judá. El pueblo de Israel, a causa de su elección, se sentía de modo particular hijo de Dios, adoptado por Dios. Como el rey era la personificación de aquel pueblo, su entronización se vivía como un acto solemne de adopción por parte de Dios, en el cual el rey estaba en cierto modo implicado en el misterio mismo de Dios. En la noche de Belén, estas palabras que de hecho eran más la expresión de una esperanza que de una realidad presente, han adquirido un significado nuevo e inesperado. El Niño en el pesebre es verdaderamente el Hijo de Dios. Dios no es soledad eterna, sino un círculo de amor en el recíproco entregarse y volverse a entregar. Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Más aún, en Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios mismo se ha hecho hombre. El Padre le dice: "Tu eres mi hijo". El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros. Esto es la Navidad: "Tu eres mi hijo, hoy yo te he engendrado". Dios se ha hecho uno de nosotros, para que podamos estar con Él, llegar a ser semejantes a Él. Ha elegido como signo suyo al Niño en el pesebre: Él es así. De este modo aprendemos a conocerlo. Y sobre todo niño resplandece algún destello de aquel hoy, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; sobre todo niño, también sobre el que aún no ha nacido. Escuchemos una segunda palabra de la liturgia de esta Noche santa, tomada en este caso del Libro del profeta Isaías: "Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos" (9,1). La palabra "luz" impregna toda la liturgia de esta Santa Misa. Se alude a ella nuevamente en el párrafo tomado de la carta de san Pablo a Tito: "se ha manifestado la gracia" (2,11). La expresión "se ha manifestado" proviene del griego y, en este contexto, significa lo mismo que el hebreo expresa con las palabras "una luz brilló"; la "manifestación" – la "epifanía" – es la irrupción de la luz divina en el mundo lleno de oscuridad y problemas sin resolver. En fin, el Evangelio relata cómo la gloria de Dios se apareció a los pastores y "los envolvió en su luz" (Lc 2, 9). Donde se manifiesta la gloria de Dios, se difunde en el mundo la luz. "Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna", nos dice san Juan (1 Jn 1,5). La luz es fuente de vida. Pero luz significa sobre todo conocimiento, verdad, en contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. Así, la luz nos hace vivir, nos indica el camino. Pero además, en cuanto da calor, significa también amor. Donde hay amor, surge una luz en el mundo; donde hay odio, el mundo queda en la oscuridad. Ciertamente, en el establo de Belén ha aparecido la gran luz que el mundo espera. El aquel Niño acostado en el pesebre, Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da como don a sí mismo y que se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado hombre y mujeres a lo largo de los siglos, "los ha envuelto en su luz". Donde ha aparecido la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y los que sufren, la gracia del perdón. A partir de Belén, una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos. Si nos fijamos en los santos –desde Pablo y Agustín a san Francisco y santo Domingo, desde Francisco Javier a Teresa de Ávila y Madre Teresa de Calcuta-, vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Belén, en el Dios que se ha hecho Niño. Contra la violencia de este mundo, Dios opone en aquel Niño su bondad y nos llama a seguir al Niño. Junto con el árbol de Navidad, nuestros amigos austriacos nos han traído también una pequeña llama que encendieron en Belén, queriendo decir así que el verdadero misterio de la Navidad es el resplandor interior que viene de este Niño. Dejemos que este resplandor interior llegue a nosotros, que prenda en nuestro corazón la lumbrecita de la bondad de Dios; llevemos todos, con nuestro amor, la luz al mundo. No permitamos que esta llama luminosa se apague por las corrientes frías de nuestro tiempo. Que la custodiemos fielmente y la ofrezcamos a los demás. En esta noche en que miramos hacia Belén, queremos rezar de modo especial también por el lugar del nacimiento de nuestro Redentor y por los hombres que allí viven y sufren. Queremos rezar por la paz en Tierra Santa: Mira, Señor, este rincón de la tierra, al que tanto amas por ser tu patria. Haz que ella resplandezca la luz. Haz que la paz llegue a ella. Con el término "paz" hemos llegado a la tercera palabra clave de la liturgia de esta Noche santa. El Niño que anuncia Isaías lo llama él mismo "Príncipe de la paz". De su reino se dice: "La paz no tendrá fin". En el Evangelio, se anuncia a los pastores la "gloria de Dios en lo alto del cielo" y la "paz en la tierra". Antes se decía: "a los hombres de buena voluntad"; en las nuevas traducciones se dice: "a los hombres que él ama". ¿Por qué este cambio? ¿Ya no cuenta la buena voluntad? Formulemos mejor la pregunta: ¿Quienes son los hombres que Dios ama y por qué los ama? ¿Acaso Dios es parcial? ¿Ama tal vez sólo a determinadas personas y abandona a las demás a su suerte? El Evangelio responde a estas preguntas presentando algunas personas concretas amadas por Dios. Algunas lo son individualmente: María, José, Isabel, Zacarías, Simeón, Ana, etc. Pero también hay dos grupos de personas: los pastores y los sabios del oriente, los llamados reyes magos. Detengámonos esta noche en los pastores. ¿Qué tipo de hombres son? En su ambiente, los pastores eran despreciados; eran considerados poco de fiar y en los tribunales no se les admitía como testigos. Pero ¿quiénes eran en realidad? Ciertamente no eran grandes santos, si con este término se entiende personas de virtudes heroicas. Eran almas simples. El Evangelio destaca una característica que luego, en las palabras de Jesús, tendrá un papel importante: eran personas vigilantes. Esto vale ante todo en su sentido exterior: por la noche velaban cercanos a sus ovejas. Pero también tiene un sentido más profundo: estuvieron disponibles para la palabra de Dios. Su vida no estaba cerrada en sí misma; tenían un corazón abierto. De algún modo, en lo más íntimo de su ser, le estaban esperando. Su vigilancia era disponibilidad; disponibilidad para escuchar, disponibilidad para ponerse en camino; era espera de la luz que les indicara el camino. Esto es lo que a Dios le interesa. Él ama a todos porque todos son criaturas suyas. Pero algunas personas han cerrado su alma; su amor no encuentra en ellas resquicio alguno por donde entrar. Creen no necesitar a Dios; no lo quieren. Otros, quizás moralmente igual de pobres y pecadores, al menos sufren por ello. Esperan en Dios. Saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su espíritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz. Dios busca a personas que sean portadoras de su paz y la comuniquen. Roguémosle para que no encuentre cerrado nuestro corazón. Esforcémonos por ser capaces de ser portadores activos de su paz, precisamente en nuestro tiempo. Además, la palabra paz ha adquirido un significado del todo especial para los cristianos: se ha convertido en un nombre para designar la Eucaristía. En ella está presente la paz de Cristo. Mediante todos los lugares donde se celebra la Eucaristía, se extiende en el mundo entero como una red de paz. Las comunidades reunidas en torno a la Eucaristía son un reino de paz vasto como el mundo. Cuando celebramos la Eucaristía nos encontramos en Belén, en la "casa del pan". Cristo se nos da, y con ello nos da su paz. Nos la da para que llevemos la luz de la paz en lo más hondo de nuestro ser y la comuniquemos a los otros; para que seamos agentes de la paz y contribuyamos así a la paz en el mundo. Por eso rogamos: Cumple tu promesa, Señor. Haz que donde hay discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que se haga luz donde dominan las tinieblas. Haz que seamos portadores de tu paz. Amén. |
|||||||||||
Noticias Eclesiales autoriza la reproducción total o parcial de la información que ponemos al servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Noticias Eclesiales). La publicación de la información que ofrece esta página no implica ningún tipo de compromiso. Derechos reservados (©) Noticias Eclesiales |
|||||||||||
| |
|
|
|
|
|
||||||