MVC
- 18 de cotubre de 2005 -
English Português
Evangelio
Meditación
Archivo
Subsidios
Quienes somos
Enlaces
Ticker
Comparta NE
Escríbanos
Ayude a NE


Otros recursos:

Lista de invitados por el Papa Benedicto XVI para la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos

Noticias de la Familia Sodálite

Noticias del Fundador de Movimiento de Vida Cristiana

Noticias del Sodalicio de Vida Cristiana

¡Gratis! Tema alusivo a Noticias Eclesiales para tu pocket pc

Descargue la nueva exhortación post apostólica "Pastores gregis"

Descargue Gratis libro electrónico con la Carta Encíclica Ecclesia de Eucaristía

Carta Encíclica Ecclesia de Eucaristía del Papa Juan Pablo II

Descargue Gratis devocionario mariano "Con María en Oración"

Haga de ésta su Página Inicial

Este site publica también en formato RSS

 

- Búsqueda -
 
 

Fundador invitado por el Papa Benedicto XVI habla sobre el Sínodo

Sínodo de los ObisposRoma, 18 (NE – eclesiales.org) El Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía se viene realizando desde el 3 de octubre en el Aula del Sínodo en la Ciudad Estado del Vaticano. Entre los invitados como auditores por el Santo Padre se encuentra Don Luis Fernando Figari, fundador de la Sociedad de Vida Apostólica Sodalitium Christianae Vitae, así como de dos asociaciones de vida consagrada para mujeres, el Movimiento de Vida Cristiana y otras instituciones eclesiales. Actualmente se encuentra en Roma. Noticias Eclesiales le ha hecho una entrevista para sus lectores.

¿Cuáles considera que son algunos de los principales aportes en lo que va del Sínodo?

—El Sínodo que viene realizándose en el Vaticano es una reunión de obispos de todos los continentes convocados por el Papa Benedicto XVI para considerar el tema de la Eucaristía como fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia. La reunión tiene como objeto presentar respetuosamente al Santo Padre las conclusiones de lo que se ha reflexionado en el Sínodo. El tema mismo ya hace alusión a la importancia de las reflexiones que se vienen efectuando, en espíritu de oración, sobre ese magno don de amor que es la Eucaristía. La fe en el misterio eucarístico es central para la vida cristiana. El Instrumento de trabajo, que ha sido ampliamente difundido por los medios, constituye en cierto sentido el ámbito de la reflexión de los Padres Sinodales. Allí se ve un horizonte de entusiasmo y esperanza por el milagro de la Eucaristía, así como la conciencia que de tan grande realidad tiene el Pueblo de Dios. Junto a brillantes luces que del Magno Sacramento brotan para toda la Iglesia, el Instrumento de trabajo presenta también dolorosas situaciones que deben ser remediadas. A mi entender una de ellas es la fe que se ha debilitado en muchos católicos y que proclamándose tales olviden participar en la Misa dominical. El Domingo se ha secularizado para muchos. Se olvida el significado de ese día de la semana que rememora la Pascua de Jesús, y que por ello mismo se llama Día del Señor. Es evidente que la profundización en las causas de este doloroso fenómeno y la búsqueda de soluciones es materia de atención y oración para todos. El acontecimiento central del Domingo, aquello que hace que sea tal, es la celebración y la participación en la Santa Misa. Bien puede uno preguntarse, ¿es que puede haber Domingo sin referencia a la Eucaristía? Y, claro, no se trata sólo de quedarse en esas constataciones e interrogantes, sino de profundizar en las causas antropológicas y culturales que desde hace ya un cierto tiempo se vienen acumulando para excluir la práctica religiosa de la vida personal y social. Se trataría, pues, de recuperar el sentido del Domingo, lo que significa la necesidad de un esfuerzo pastoral que lleve a poner en primer lugar a la fe y sus contenidos y así iluminar el sentido del Domingo como celebración sacramental del Sacrificio de Jesús en la Cruz. El sentido integral de la Misa es mucho más trascendente que el concepto de precepto. Es necesario que en el Pueblo de Dios volvamos a dejarnos maravillar por las realidades de nuestra fe y recuperar la identidad cristiana y el sentido que ella da a la vida en los años que pasamos en este mundo.

En su intervención del 12 de octubre en el Aula sinodal, usted destacó la vinculación entre la Confesión y la Comunión, ¿por qué?

—Bueno, resalté varios asuntos, entre ellos éste que considero de gran importancia. La relación entre el sacramento de la Confesión y la Comunión eucarística es consecuencia de lo que significa la Eucaristía y de las disposiciones requeridas para Comulgar. Existe una muy cercana vinculación entre ambos sacramentos. Ya desde hace muchos siglos la Comunión anual prescrita como mínimo se realizaba en tiempo Pascual. Los fieles en general, y especialmente los fieles laicos, que no acuden con cierta frecuencia a la Comunión eucarística se sienten especialmente invitados a realizar la Confesión y luego comulgar en tiempo de Pascua. Y es que el don de recibir la Comunión requiere estar en estado de gracia, es decir sin tener lo que la Doctrina denomina pecado grave. El Concilio de Trento ya precisaba que la fe sola no bastaba, y que era preciso estar en estado de gracia, por ello quien no lo está debe recurrir al sacramento de la Confesión. La Iglesia es clara en los detalles de cómo se realiza esto y de las diversas circunstancias que existen en torno a la relación de la Confesión y la Comunión Eucarística, cuyo tratamiento haría muy extensa la respuesta a su pregunta.

¿Por qué considera la relación de la Confesión y la Comunión tan importante hoy en día?

—La importancia del Sacrificio Eucarístico es central en la vida de la Iglesia. La recepción frecuente de la Eucaristía es muy recomendable. Es muy hermoso que la participación en la Misa del Domingo implique para cada quien la Comunión. Pero la Iglesia no impone esto. Ya he mencionado que el precepto desde hace siglos es la Comunión por lo menos una vez al año. Pero hoy ocurre un doble fenómeno. Por un lado, la falta de comprensión del Magno Sacramento y quizá un enfriamiento en el amor llevan incluso a descuidar la participación en la Misa Dominical. Y por otro lado, se constata que muchos se acercan a recibir la Santa Comunión sin estar debidamente preparados. Alguno puede decir, ¿y cómo se sabe esto? Pues por la enorme desproporción que existe entre quienes se acercan a comulgar, y los escasos números de confesiones, no siempre por culpa de quien sí quisiera confesarse y así incentivar su proceso de adhesión al Señor pero encuentra el confesionario cerrado. Sólo quien no ve esta dolorosa situación con realismo puede desconocer que existe una difundida tendencia a descuidar el estado moral en que uno se encuentra antes de comulgar. El Instrumentum Laboris de este undécimo Sínodo lo advierte con toda claridad. Me permito citarlo. “Es necesario constatar la gran desproporción entre muchos que comulgan y los pocos que se confiesan”. Por ello consideré oportuno mencionar la trascendencia de este tema.

¿Por qué cree que hay esa tendencia a comulgar aun sin pensar si se está en pecado grave o no?

—Pienso que se trata de una realidad sumamente compleja, pero nuevamente siguiendo al Instrumentum Laboris sinodal creo que se puede decir que muchos se acercan a recibir la Santa Comunión pues creen que la participación en la Santa Misa queda invalidada si no lo hacen. Esto reclama una profundización en la realidad de la Eucaristía.

Si el Código de Derecho Canónico y la práctica secular consideran como necesaria una sola comunión al año y al mismo tiempo que todos los fieles procuren asistir a Misa todos los Domingos y ferias de obligación, es obvio que la Misa vale aunque el participante no comulgue sacramentalmente. Habiendo sido la Iglesia tan clara al respecto, ¿Cómo se puede haber producido ese equívoco?

—No sabría como contestar con precisión. El hecho es que esa falsa idea parece estar más difundida de lo que se pueda creer. Me atreveré a ensayar una hipótesis. ¿Quizá se trate de un acento unilateral en el aspecto Cena en desmedro del aspecto Sacrificio?

Existe lo que se llama la “comunión espiritual”. ¿Es algo que se debe promover?

—Por supuesto que sí. Y especialmente para quienes no comulgan sacramentalmente es una práctica muy apropiada de encuentro con el Señor. Por lo demás, el Magisterio la alienta.

Cambiando un poco el tema, sabemos que el Papa Benedicto XVI ha estado presente en las labores del Sínodo. ¿Nos podría contar cómo ha sido la experiencia de estar en el Aula del Sínodo con el Santo Padre?

—Ante todo, el Apóstol Pedro es la roca sobre la que el Señor Jesús funda la Iglesia y con la fuerza del Espíritu Santo la despliega en la historia cumpliendo la tarea de prolongar su misión como Cuerpo Místico de Cristo. San Pedro es el fundador de la comunidad cristiana de Roma y su Obispo. El Papa es sucesor de Pedro. Por ello estar en el Aula Sinodal presididos por Pedro es de por sí una experiencia intensa, muy intensa, de fe, de comunión. En lo personal es también una vivencia espiritual. No es fácil expresar lo que se vive al ver a Pedro dirigiendo la nave de la Iglesia. Creo que es un momento privilegiado de mi vida y no ceso de agradecer a Dios, de quien todo bien procede, por esta ocasión de estar tan cerca al querido Papa Benedicto XVI y por tantos días seguidos.

Usted ha sido de los pocos laicos, ya consagrados o casados, invitados a participar en esta asamblea de Obispos. ¿Cuál ha sido el aporte de los laicos en las labores del Sínodo?

—Los laicos somos invitados a participar en el Sínodo como auditores. Cada quien ha tenido la oportunidad de expresar su opinión sobre los temas tratados en los círculos o comisiones que se establecen según un criterio lingüístico, en diálogos personales con los Padres sinodales, así como en las llamadas audiciones en sesiones plenarias. Así y con la oración y la vivencia de la comunión eclesial se ha producido la participación de los laicos en los trabajos del Sínodo.

¿Qué horizonte abre este primer Sínodo de Obispos del Papa Benedicto XVI?

—Pienso que pone ante los más de mil doscientos millones de católicos en el mundo el tema de la identidad de hijo de la Iglesia y de coherencia en la vida cristiana. Al centrarse en el Sacramento de los Sacramentos el Sínodo apunta a un tema clave en la fe del creyente y en la vida de la Iglesia. En tal sentido pienso que el título elegido es sumamente elocuente y capaz de portar sintéticamente el mensaje de cuán importante es el don de la Eucaristía para la vida y para la misión de la Iglesia, y de todos los fieles que por el don del bautismo participamos de esa hermosa y trascendente misión. Igualmente es de gran importancia para aquellas Iglesias que, como las ortodoxas, comparten tanto con la Iglesia Católica. Lo es también para los demás cristianos. Pienso que el Sínodo tiene notables implicancias en muchos aspectos de la vida de la Iglesia y que pone al centro de la Nueva Evangelización el don maravilloso de la Eucaristía.