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Visita de Fundador de la Familia Sodálite a Ecuador se inicia en Santiago de Guayaquil con un encuentro con centenares de voluntarios y beneficiarios de programa de solidaridad cristiana

Santiago de Guayaquil, 27 (NE – eclesiales.org) En medio de una gran expectativa, con la presencia de numerosos medios de comunicación, incluyendo varios canales de televisión, se produjo el encuentro fraterno y alegre entre el Fundador de la Familia Sodálite, D. Luis Fernando Figari, y centenares de voluntarios y beneficiarios del programa solidario impulsado por el Movimiento de Vida Cristiana de la ciudad de Guayas. Reunidos en el extenso patio del Colegio de los Hermanos Lasallistas, voluntarios y beneficiarios se encontraban expectantes ante la visita del Fundador.

El programa "Pan para mi hermano", que propicia el Movimiento de Vida Cristiana, se inició en la ciudad de Santiago de Guayaquil hace siete años. Durante este tiempo, millares de personas han sido beneficiadas por la acción de caridad solidaria de los emevecistas.

En la actualidad, semana a semana beneficiarios y voluntarios se encuentran en cuatro puntos de la moderna ciudad del río Guayas. Ademas de llevar auxilio material, los voluntarios llevan también la Buena Nueva de la Fe, el anuncio del Señor Jesús y su mensaje de reconciliación.

El Fundador ingresó en medio de los centenares de participantes del encuentro al son de cánticos y barras. Al poco tiempo de su llegada hizo uso de la palabra en un vibrante mensaje en el que agradeció la cristiana generosidad de los voluntarios presentes. Profundizó en la importancia del seguimiento social del Señor Jesús y la necesidad de un compromiso que se hiciera patente en sus frutos.

Interrumpido varias veces por los aplausos de los participantes en el encuentro, continuó su mensaje recordando el sacrificio del Señor en lo alto de la Cruz y cómo ello se extendía para la reconciliación del ser humano. Dirigiéndose de manera especialmente cálida a los muchos centenares de pobres y personas carentes de vivienda que reciben el auxilio fraterno de este importante programa "Pan para mi hermano", se refirió al misterio salvífico del dolor y recordó que la oración que todos elevábamos por el pan nuestro de cada día debería impulsarnos a ayudar a ello se haga realidad en nuestros hermanos más necesitados.

Señaló con énfasis que la dignidad humana, especialmente de los más desposeídos, reclamaba el respeto, la solidaridad y la promoción humana. Dirigiéndose a la Virgen, cuya imagen se encontraba presente en el encuentro, elevó una plegaria por todas aquellas personas que estaban ciegas al dolor humano de los más necesitados. Recordó que Jesús nos había dado a María como Madre al pie de la Cruz, y que ese discípulo al que se dirigió somos todos nosotros los cristianos, que debemos mirar a María, pedirle su intercesión y seguir siempre su paradigmático ejemplo en su visita a su prima Isabel, a quien llevó la Buena Nueva de Jesús, que portaba en su interior, y su solidaridad efectiva para las necesidades de su parienta.

Culminó sus palabras con una exhortación a que se multiplicara el número de voluntarios, y a que en su próxima visita a la ciudad de Santiago de Guayaquil encontrase un significativo aumento de ellos, y en consecuencia, de personas necesitadas que han sido beneficiadas por este hermoso programa "Pan para mi hermano".

Al momento de retirarse del encuentro, muchísimos de los centenares de pobres y desposeídos se acercaban al Fundador para expresarle su alegría cristiana y su gratitud por el esfuerzo del Movimiento de Vida Cristiana en ayudarlos. La fiesta de fe y fraternidad continuó con unos números musicales y con una cena compartida por esos centenares de voluntarios y necesitados beneficiados por el programa "Pan para mi hermano" como un símbolo patente de la comunión que debe existir en la comunidad eclesial que peregrina en Santiago de Guayaquil.