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Se inició con gran éxito en Lima congreso “Caridad, Reconciliación y Dignidad Humana”

Lima, 5 (NE – eclesiales.org) El amplio auditorio del Santa Úrsula, en la ciudad de Lima, quedó colmado por la presencia de más de mil participantes al Congreso “Caridad, Reconciliación y Dignidad Humana”, que se inició este jueves 4 de setiembre. El evento, que concluye hoy sábado, fue organizado por el Arzobispado de Lima, en el marco de la Gran Misión de Lima, y por Vida y Espiritualidad, asociación cultural de la Familia Sodálite en la capital peruana.

En unas palabras previas a la inauguración, Klaus Berckholtz , presidente del Comité Organizador y director de la Asociación Vida y Espiritualidad (VE) presentó el evento, que se realiza dentro de los 25 años de la fundación que actualmente dirige. En sus palabras señaló que una de las iniciativas de este Congreso es profundizar «desde la caridad y la reconciliación, los criterios que nos ayuden a servir mejor al ser humano y a promover integralmente su dignidad, teniendo como marco la reciente encíclica Caritas in veritate». De manera especial agradeció la bendición del Santo Padre enviada a los participantes, de la que se dio lectura durante la sesión inaugural.

El Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, ofreció unas palabras inaugurales al iniciarse el congreso. El Purpurado recordó la urgencia de difundir la Doctrina Social de la Iglesia en la esfera pública y pidió a los laicos que en estos tiempos de crisis, no acepten los intentos de recluir a la Iglesia en un ámbito privado en las sociedades secularizadas. El Purpurado señaló que «una parte del ambiente cultural, mediático, político, no sólo aquí sino en el mundo entero, es dominado por una visión reductiva del hombre, patrones culturales que se ven muchas veces reflejados en las leyes».

Por esta visión, explicó, se desconoce «la identidad de la persona al prescindir de su interioridad, de su dimensión espiritual, reduciéndolo a su dimensión material. Las consecuencias son muy dañinas para la convivencia y la paz social». El Cardenal Cipriani, señaló que «esta situación exige responder a las interrogantes de quién es el hombre y cómo es el hombre». El Arzobispo de Lima agregó que «la dimensión relacional de nuestra naturaleza humana promueve como respuesta la comprensión y defensa de la familia, lugar privilegiado del desarrollo humano, célula fundamental de la sociedad» y aclaró que «la relación familiar no anula a las personas, los pueblos o las culturas sino que los hace más transparentes y unidos en su diversidad».

Para el Cardenal Cipriani, «más que nunca es necesaria la presencia de la enseñanza y práctica de la Doctrina Social de la Iglesia en la esfera pública». En este sentido, recordó que «la racionalidad de la ley natural deber ser defendida para hacer posible la convivencia en el mundo» y consideró que «la participación de los laicos es fundamental, adornada por una vida coherente con la fe que profesa». «No son tiempos de temores, timideces o componendas. Las enseñanzas del Papa nos invitan a un cambio grande, a una conversión», indicó y animó a los presentes a estudiar la encíclica Caritas in veritate y concretar su compromiso cristiano en la acción.

El Señor Jesús, Reconciliador del ser humano en el tiempo actual» fuel el título de la primera Conferencia del Congreso. Fue pronunciada por D. Luis Fernando Figari, Fundador y Superior General del Sodalitium Christianae Vitae

D. Luis Fernando Figari dio inicio a la Conferencia, que duraría por más de una hora, señalando: «Me parece conveniente empezar a tratar el tema que hoy nos ocupa acercándonos a ciertos elementos que ayudarán a comprender mejor el gran don de la reconciliación en el Señor Jesús. Lo que vamos a hacer en estos primeros momentos es plantear una especie de marco de precomprensión que nos permitirá entender algo la pauperización que el concepto y la realidad de la reconciliación han venido sufriendo en nuestros días, particularmente por la visión secularizada de la existencia humana. Ello permitirá, luego, apreciar mejor lo que significa la reconciliación, su alcance para el ser humano y su expresión y fuente en Jesús Reconciliador.»

Tras leer una frase bíblica que recuerda que sin Dios en vano se afanan los constructores, dijo que «si aplicamos este principio a la reconciliación y a su realización, nos topamos con que los esfuerzos humanos, si no están fundados en Dios y en la fuerza amorosa que derrama en los corazones de sus criaturas, se tornan ineficaces o incluso contraproducentes para el desarrollo y el avance de la humanidad.»

«El tema del ocultamiento de Dios ha sido clave para entender el agnosticismo funcional, que prescinde de Dios o lo pone entre paréntesis.» La visión cultural dominante hoy muestra este fenómeno por doquier.

Dijo el conferencista que en los últimos tiempos -debido a la secularización y al agnosticismo funcional - se ha empobrecido la palabra «reconciliación» y alentó a los católicos a recuperar su significado a partir de la iniciativa de Dios que sale gratuitamente al encuentro de los hombres para superar las profundas rupturas suscitadas por el pecado.

Señaló que «hay palabras que no se entienden o se malentienden. También hay otras que, a fuerza de ser utilizadas, pierden o ven debilitada su carga significativa. Una de ellas es la ‘reconciliación’. En el mundo secular se ha usado e incluso abusado mucho de la palabra, no pocas veces en un sentido restringido, despojándola de su magnitud».

Dentro de su reflexión hizo notar que ahora vivimos en «una de las épocas más oscuras de la humanidad”, y en este contexto se «habla de la reconciliación en muchos ámbitos, lo que en principio no está mal». Sin embargo, explicó que los intentos históricos por alcanzarla como la Sociedad de las Naciones, después de la llamada Primera Guerra mundial, o la Organización de las Naciones Unidas, después de la Segunda, no han sido suficientes.

«En nuestros días se habla mucho de reconciliación. Sin embargo, o bien se la practica poco, o bien se restringe su significado según prismas ideológicos. Obviamente, si no se entiende bien lo que es, la comprensión limitará su aplicación y concreción en la vida de las personas y de los pueblos», advirtió.

«Problemas acuciantes como la globalización o la situación de un mercado mundial y la mundialización de las finanzas, referidos de manera sugerente en la encíclica social del Magisterio del Papa Benedicto, hablan con claridad de la necesidad de reajustes, pero más aún de reformas substanciales que vayan a la raíz y sirvan de cura a las dolencias», indicó.

Presentó las tesis de varios personajes como Nietzche, Hegel, Buber, Foucould, Dostoyeski que hablan ya de la muerte o eclipse de Dios en el mundo de hoy, ya de sus consecuencias en la moral. «Ciertamente, el creyente, desde la luz de la fe proclama alto y fuerte: ¡No es hora de requiem! -dijo en relación a los que quieren rezar un requiem por la supuesta "muerte de Dios" proclamada por algunos-, pero ha de reconocer el impacto que sobre la cultura de hoy tiene toda esta dimensión descriptiva de la cerrazón del ser humano a la realidad divina y a su iniciativa de amor, y de un lenguaje sin ligazón a lo real, un nuevo y radical nominalismo.» Y añadió: «El relativismo y el nihilismo cobran su primera víctima en el mismo sujeto que se cierra a lo trascendente, a lo real, al fundamento de lo real, y se extravía en el sinsentido de la existencia, llevándolo a una pérdida de su identidad. El hombre que en su delirio subjetivista mata a Dios, se suicida él mismo».

El Fundador del Sodalicio puso especial énfasis en el tema de los derechos humanos. Remarcó que si bien la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 de las Naciones Unidas, «cuenta con valiosísimos aportes y aproximaciones», presenta algunas ausencias, que no corresponden plenamente a la dignidad del ser humano tal y como la entiende la Iglesia. Señaló que para la Iglesia «el ser humano encuentra la base de su dignidad en el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Y, más aún, por haber sido redimido y reconciliado por el Señor Jesús, Verbo Eterno de Dios hecho hombre en el vientre Inmaculado de María Santísima».

Advirtió que no se puede tomar el consenso como fundamento de los derechos pues puede incluso ser portador de un relativismo solapado o de una ambigüedad del lenguaje que pueden permitir abusos y atentados contra la dignidad y aun contra la vida humana misma, como se está constatando en el mundo de nuestros días. En un análisis sobre la necesidad de buscar el fundamento real de los derechos humanos añadió: «tal consenso puede cambiar, y así tornar inválido lo que ayer era válido, o negar un derecho que ayer fue aceptado». Recordó que un católico que se mueve en el ambiente de la llamada cultura informática, esto es la predominante hoy, que busca ser coherente de cara a los grandes desafíos para la fe y la evangelización en el siglo XXI, no puede ignorar lo que caracteriza a estos eventos. «Debe ser consciente de lo frágil que es fundar la dignidad y derechos en el mero consenso sobre ellos y no en una realidad asumida, sólidamente fundante, en el camino de la verdad».

Siguiendo una línea histórica recordó primero cómo la Iglesia en el Siglo de Oro Español, a través de personajes como Francisco de Vitoria y los integrantes de la Escuela de Salamanca desarrollaron una jurisprudencia católica, iusnaturalista. Especialmente señaló que de Vitoria a través sus constantes reflexiones y «clases sobre derechos naturales» brotaron las fuentes de muchos derechos humanos que hoy admitimos naturalmente, es decir, las fuentes de la declaración de los deberes fundamentales del hombre y de los estados. Todo el proceso de reflexión teológica y jurídica ocurrido en España y América en tiempos del Siglo de Oro es fundamental para la comprensión de un elenco de derechos que se funda sobre el concepto de dignidad humana iluminado por la fe, y que por lo mismo va más allá de unas relaciones limitadas a lo intramundano.

Otra línea histórica importante a considerar ­según Luis Fernando Figari- es la del Magisterio Pontificio, del que empezó enumerando varios documentos del siglo XVI, como ejemplo. Pasó luego a la hermosísima declaración de los derechos humanos, donde aparece clara la dignidad humana y su fundamento en encíclica del Papa Beato Juan XXIII “Pacem in terris”, que supera las «autoimpuestas limitaciones» de la declaración de los derechos humanos, conocida como de las Naciones Unidas de 1948. Y expuso la aproximación al tema del Papa Pablo VI, en la “Populorum Progressio”.

Igualmente recordó que este año 2009 ha sido declarado por la ONU como el «Año Internacional de la Reconciliación». Ante esto, consideró que «no podemos menos que albergar un gran júbilo interior» pero «tampoco podemos callar la incomodidad porque esa reconciliación es planteada en un sentido incompleto» pues «no agota el alcance de lo que es la deseada reconciliación que anhela el ser humano, y que encuentra su explicitación en la divina Revelación».

Señaló que ya se viene promoviendo un concepto auténtico de reconciliación desde mediados de los años ‘80 en el Perú, buscando presentar una visión completa de ésta según una concepción integral del ser humano. «La presentación de la reconciliación en relación a Dios, a uno mismo, a los demás y al mundo ha sido una constante de los diversos Congresos Internacionales de la Reconciliación y otros eventos y publicaciones que han ido ahondando en una visión integral de la reconciliación como respuesta que, nacida de la fe, busca presentar al hombre de hoy a Cristo Reconciliador».

El pensador limense señaló que se debe insistir y recordar que «la reconciliación es una iniciativa divina, expresión de la sobreabundancia del amor de Dios por el ser humano, que se manifiesta en la historia y alcanza su plenitud en la Encarnación del Señor Jesús. Él es la Reconciliación».

«El Señor Jesús que, en su persona y sus misterios, vino a reconciliar al ser humano con Dios, con las profundidades de la propia mismidad, con los demás seres humanos, y con la creación, se presenta hoy como ayer a los seres humanos en la proclamación y consumación siempre actual de su amor. Es el mismo, ayer, hoy y lo será siempre, como leemos en la Escritura y lo hemos repetido tanto en los últimos años en el Continente de la Esperanza», agregó.

Entre otras muchas ideas, planteó: «Las distintas dimensiones humanas a las cuales se aplica el término reconciliación no deben hacernos olvidar lo esencial de su significado.» «La reconciliación, en cuanto superación de la realidad de ruptura que aqueja al ser humano, cuya dimensión más profunda se halla en la ruptura con el fundamento de su existencia, es decir: Dios, es esencialmente un término que nacido de la dimensión religiosa alcanza al ser humano todo.» Y, «Esto es, al ser humano como creatura de Dios, hecho a su imagen y semejanza, con una dignidad propia e intransferible y una meta que apunta más allá del final de su vida terrena y que le ofrece el horizonte de la vida plena, eterna, participando en la Comunión de Amor que es Dios.»

Cubriendo el campo de la reconciliación y la caridad desarrollo una teología creacional fundada en el amor y la comunión Trinitaria y en la gratuidad de la creación como sobreabundancia de amor. Por inspiración del Espíritu divino se nos está enseñando que el Señor Jesús estuvo en el comienzo de todo lo creado, y, más aún, que es su principio. Por ello hay una primacía de Jesús y ella tiene alcance universal y comprensivo. Y tal sentido el ser humano es tal en el Señor Jesús, por ello sólo puede el hombre comprenderse a sí mismo y responder a las incógnitas más profundas de su ser desde Cristo, como enseña bien el Concilio Vaticano II y se precisa en el número diez de la encíclica Ecclesia in America.

Tras desarrollar otras muchas ideas muy sugerentes sobre el Señor Jesús reconciliador, al explicar como cada bautizado debería responder al don reconciliador recibido y a la misión de ser ministro de la reconciliación, como dice San Pablo, se remitió al ejemplo de la Virgen María, la Mujer reconciliada. Como pautas concretas invitó a ingresar a la escuela de María y lanzarse al servicio de la reconciliación. Hay que acoger realmente a Santa María como Madre, amarla piadosamente, y con esa mirada filial aprender de las lecciones de su vida que acogió al Reconciliador y su don, la reconciliación.

Finalmente Mons. Carlos García Cadamer, Obispo de Lurín presentó una ponencia titulada “María, Madre de la Reconciliación”. El Prelado señaló señaló «lo hermoso que era comenzar las reflexiones de este Congreso meditando en torno a la Santísima Virgen María, a quien todos los hijos de la Iglesia le tienen un gran amor».

Afirmó que siendo el tema de estas jornadas «Caridad, Reconciliación y Dignidad Humana» era oportuno «situar este Congreso no sólo bajo la protección de Santa María, sino también ayudarnos de su figura y ejemplo para comprender de una manera más honda el don que Dios Amor nos ha hecho en su Hijo para reconciliarnos y elevar a alturas insospechadas nuestra dignidad».

Señaló que por designio amoroso de Dios, la Virgen María tiene un papel fundamental en la reconciliación de la humanidad, «no sólo al dar su Sí libre y generoso en la Anunciación, sino también a lo largo de toda su vida como Madre del Reconciliador», y a través de los tiempos por medio de su maternidad espiritual.

El Obispo peruano profundizando en la maternidad espiritual de Santa María señaló que Ella fue acompañando a su Hijo también en los pasos más decisivos de su vida, especialmente en el momento de la Cruz, participando íntimamente en la Pasión de su Hijo, en el momento decisivo de nuestra reconciliación. «Es ahí mismo, en el Altar de la Reconciliación, donde el Señor, desde lo alto de la Cruz, nos deja a María como nuestra Madre, en lo que constituye su testamento espiritual» agregó, para continuar «Al acercarnos a Cristo nos vemos dirigidos por Él mismo hacia su Madre. Al ver a Jesús, vemos que Él nos señala a María, y nos invita a acogerla como Madre nuestra».

Mons. García regaló al auditorio una serie de pensamientos y reflexiones sobre cómo el don y la certeza de la maternidad de María hacia sus hijos los creyentes ha sido valorada por la Iglesia a lo largo de su historia; comenzando por el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est: «La palabra del Crucificado al discípulo -a Juan y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27)- se hace de nuevo verdadera en cada generación. María se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, así como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón».

Citando a San Anselmo de Canterbury dijo: «Tú eres la madre de la justificación y de los justificados, la madre de la reconciliación y de los reconciliados, la madre de la salvación y de los salvados». Y recordando las palabras del Siervo de Dios Juan Pablo II sostuvo : «Verdaderamente, María se ha convertido en la "aliada de Dios" en virtud de su maternidad divina, en la obra de la reconciliación».

Al final de múltiples consideraciones, exhortó a los presentes a considerar con seriedad y entusiasmo que la maternidad espiritual exige una respuesta de nuestra parte. «Se trata de conocer y amar filialmente a María, con el mismo amor con el que su Hijo la amó», puntualizó.

Por último, señaló que los cristianos en nuestro avanzar por el camino de la vida cristiana, la piedad filial mariana aparece como «sendero privilegiado de encuentro con el Señor y de auténtica transformación interior, así como de compromiso evangelizador».